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Embustero
Bien: el presidente del Gobierno ha engañado a doce millones de españoles (a mi no), a los que no sé si llamar tontos de los cojones, como hiciera el alcalde de Getafe. Pero este señor es un embustero que llevaba años arremetiendo contra la posibilidad de subir los impuestos; hoy hemos conocido que es una persona que miente. Mientras, las condiciones de vida del funcionariado en la Comunidad de Madrid tenderán a partir de ahora hacia el capitalismo manchesteriano del XIX, donde los obreros tenían que ir a trabajar aun enfermos, o no cobraban. Esto es lo que pasa por votar a gentuza.
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Pero esto es como si el elefante demanda a la hormiga
Últimamente no paran de entrar juicios por delitos de atentado. Esta palabra remite a Bin Laden o a ETA, pero en realidad un atentado es cualquier mínimo roce o desprecio verbal infligido a un agente policial. Lo considero alucinante. Si un agente que trabaja en la calle, que tiene que detener y reducir a yonquis y demás personal, pretende irse de rositas, lo lleva claro. "Me dio una patada". "Me dio un golpe en la mano". "Nos insultó gravemente". Son expresiones policiales habituales en los juicios. Esto es como si un bombero dijera que ha inhalado humo. Claro, es que forma parte de tu trabajo; pero señores que representan al Estado, que van uniformados y anónimos, puesto que sólo se les identifica por un número, que van armados hasta los dientes y nunca solos (como mínimo con otro compañero más, si no cuatro) van y saturan los juzgados con la tontería de los atentados. O en una conducción alcohólica: se le pregunta a un municipal qué pasó. "Lo típico. Habla pastosa, fuerte olor a alcohol, ojos enrojecidos, deambulación oscilante", contesta éste -que cómodo debe ser aprenderse una retahíla y soltarla en todo tiempo y lugar-. ¿Cómo puede decir lo típico un representante de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Ayuntamiento de Madrid? ¿Qué es lo típico? ¿La paella, el flamenco, los toros? Lo típico no: lo que pasó con este señor ese día, en virtud de un atestado muy puntual instruido por la propia policía, puesto que la gente se está jugando su libertad o como mínimo su integridad económica, y creo que ante esto las frivolidades y vaguedades abstractas sobran. Decir no me acuerdo, puesto que los agentes tienen muchas intervenciones y es imposible que recuerden todas, hubiera sido una respuesta mucho más honesta. Pero es que el atentado, en no pocas ocasiones, sirve para contrarrestar los abusos policiales o de funcionarios de prisiones que desgraciadamente son tan frecuentes. Yo he visto fotos de un abogado y economista que tenía el ojo como si le hubiera golpeado Classius Clay (pero no, fue un policía municipal). El otro día tuvimos un preso al que le golpearon, desnudaron y practicaron la sujeción mecánica. El hombre declaró que les había dicho que les iba a denunciar, como lógicamente hizo. Entonces los funcionarios de prisiones contrarrestaron con el famoso "atentado". Me gustaría saber cómo un hombre reducido en el suelo, golpeado por cinco funcionarios, desnudo, violentado en su dignidad moral e individual, puede acometer violentamente, como testificaron los funcionarios. Bueno, pero es que si fuera verdad, ¡en qué manos estamos, Señor! ¡Policías y funcionarios de prisiones cada dos por tres con el "ay, es que me ha roto una uña"! No es para sentirse muy protegidos... Los desalojos de la Plaza de Catalunya, de la Puerta del Sol... Eso sí que fueron atentados, y de los graves. No faltarán interpretadores sesgados y demagógicos (¿usted por qué defiende al delincuente?) Ocurre que nunca he tenido la opinión de la calle, pero desde que trabajo en justicia, menos. La calle dice "que se pudra en la cárcel", pero los psicólogos conductistas aseguran que a los quince años de estar encerrado el individuo está tan desgastado en todos los sentidos que por eso no cumple toda la condena. La calle dice "si viven mejor en prisión que en la calle". Claro: la condena es a privación de libertad, no a no comer tres veces al día, a no ver la tele o a no leer un libro. Aunque realmente la condena lo es también a: que les den por culo (y esto no es un dicho resobado, sino la estricta realidad), arbitrariedad funcionarial, contraer tuberculosis o hepatitis, entrar en contacto con el mundo de las drogas o, de tenerlo ya, agravarse éste aún más y ser despojado del reloj o las zapatillas Nike en el patio. Naturalmente debe haber condenas para los delitos. Pero podemos dar un paso más y decir que esta gente que ves por los juzgados, de extracción social ínfima a veces, nacida en la marginalidad y la pobreza, a lo mejor también en un ambiente en el que no han conocido otra cosa que el robo, la violencia y la falta absoluta de la más mínima educación o cultura, son realmente unas víctimas de la propia vida.
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El perfume de una época
El Museo de la Ciudad acoge una muestra sobre La Codorniz, la legendaria revista de humor que gobernó los quioscos españoles durante muchos años. Lo primero que llama la atención es la aplicabilidad de algunos chistes, de 1970 ó 1975, al momento actual: viñetas que hablan de crisis y despidos. Pero importa ahora detenerse en la calidad de un humor serio a veces, incisivo las más, en algunas ocasiones cándido visto con los ojos de hoy. Miguel Mihura funda la revista y enseguida quiere trasplantarle sus vigorosas ideas vanguardistas sobre el humor, con aportaciones del propio Ramón Gómez de la Serna y la dirección cuasi sempiterna del incesante Álvaro de Laiglesia. En aquellos años, claro, había una cosa que se llamaba la censura, con su lápiz rojo siempre afilado y fatal. No son pocos los escritores de hoy que gustan de denigrar a aquellos colegas suyos, o a aquellos dibujantes y humoristas. Antonio Muñoz Molina suele ser uno de ellos. Ya me gustaría verles trabajando cincuenta, cuarenta años atrás, a ver si eran capaces de destilar la sabiduría entre líneas de Summers, El Roto, Mingote, Chumy o Gila. Estos señores son unos privilegiados que han nacido en libertad y no saben valorar el esfuerzo que debieron hacer sus antecesores para burlar el encono de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda. Lo cual me trae a la memoria un sucedido con Cela de protagonista. Una tarde, en el Café Gijón, un reportero entrevistó al futuro Nobel, echándole un poco en cara que en tiempos hubiera escrito tanto para las revistas de la Sección Femenina. La respuesta de Cela no deja lugar a dudas: "¡Coño! Si no había otras..." Exacto: en una dictadura existen los medios de comunicación de la dictadura, y si uno es escritor tiene que trabajar en ellos como mejor pueda.
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Callarsen ya, dijo Lola Flores
Denomino a mi zona de trabajo, para mis adentros, mi pequeño Wall Street sanblasino. No son muchos los días que salgo a tomar un café o a andar un rato. Pero cuando lo hago, el entorno ofrece un aspecto inequívoco. Es una zona en la que sólo hay oficinas y cafeterías, pobladas mayoritariamente por empleados de las empresas privadas del lugar. Éstos se toman su tiempo, su buena hora, mojando la porra y el churro en el café, o con el zumito de naranja. Y es que, como todos sabemos, es fácil señalar al funcionariado, pero España tiene el dudoso honor de ser el país en el que más reina la ineptitud en unas empresas privadas prevaricadoras y chapuceras (cada uno cobra según chufle el aire para el jefe; yo estuve en un sitio donde a un tío le pagaban un pastón sólo porque tenía cuatro hijos) y en las que los curritos tienen que pegar el culo a la silla hasta que sean las 8, pero en realidad no están haciendo nada productivo.
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La tecnocracia
Vuelven los tecnócratas, que aquí estuvieron tan de moda en el desarrollismo franquista, cuando Bravo y López Rodó hacían lo que podían para traer esas suecas en biquini ante las que Landa y López Vázquez lo flipaban, más un Seiscientos para que cada oficinista se escapara a Benidorm con los churumbeles, la suegra y el loro de la estanquera. Los técnicos de la economía se hacen con el poder en varios países mientras los políticos juegan a ser Maquiavelo para que se cansen y se piren, con la complicidad de un pueblo perplejo ante los acontecimientos.
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Terelu
Terelu, habitante de la corrala nacional que reproduce cada tarde Tele 5, nos sorprende en un Interviú que ha agotado tiradas en ciertos quioscos (yo le he echado un vistazo subrepticio al interior en el VIPS). En nuestra calidad de erotómanos rubensianos disfrutamos de estas imágenes de una cierta gordura, pero sin pasarse, aunque para gustos los colores. Hay acusaciones de photoshop, sin duda verdaderas. Pero yo he visto fotos de Kate Moss o Elsa Pataky sin retocar y casi me desmayo. Asimismo, la inaudita Terelu confiesa sus deseos de ser poster en cabina de camioneros, lo cual revela ya el alma puta que anida, más o menos profunda, en cada mujer, por más que no haya una instantánea totalmente reveladora de la anatomía, al menos de la delantera. Tampoco se ganó Zamora en una hora.
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